Búsqueda blog.com.es

  • INFORMACION

    Columnistas

    Sepultemos al pobre Lenin
    Daniel Samper Pizano*

    Imprime esta nota
    Recomienda esta nota
    Opiniones sobre esta Nota

    ¿Y qué piensan los rusos? Según una encuesta, tres de cada cuatro ciudadanos son partidarios de enterrar el cadáver y destruir el mausoleo.
    En 1924, cuando murió Vladimir Illich Ulianov, más conocido como Lenin, parecía mucho más viejo de lo que revelaban sus 53 años. En 1918 había recibido dos disparos en un atentado y en 1922 padeció un derrame cerebral que lo apartó por un tiempo de las tareas del gobierno soviético. Sus últimas fotografías son dramáticas. Una lo muestra con mirada perdida y rictus de enfermo mental. En ese punto estaba consumido por la arteriosclerosis y era incapaz de articular palabra. Otra, aún más impresionante, lo hace ver como un octogenario reducido a su silla de ruedas y su gorra de cuero.

    Seis meses después de estos tremendos testimonios, el héroe de la revolución bolchevique, ateo y materialista, moría en Gorki. El 21 de enero de 1924, faltando diez minutos para la siete de la noche, falleció el fundador del Estado soviético.

    Se dijo que la causa de la muerte había sido una sífilis. Mentiras perversas. Lo que acabó con Lenin fue un paro cardiorrespiratorio, sin contar con los dolores morales, políticos e histórico-dialécticos que el patriarca de un experimento tan dudoso debía de acumular en el alma. Después de haber arrastrado su parálisis y su mudez durante dos años, era fácil pensar que al morir había descansado verdaderamente en paz.

    Pero no. Fue entonces cuando empezó el verdadero calvario de Vladimir Illich Ulianov. Sentenciado a la dudosa gloria de la momificación, el cadáver escuálido de Lenin fue puesto en manos de un equipo médico para que lo embalsamara y lo convirtiera en un remedo vivo del líder muerto. Al frente del grupo estaba el doctor Abrikosov, cuyas primitivas técnicas de preservación de cadáveres consistían apenas en inyectar sobredosis de formol, alcohol y glicerina en el triste fiambre. El resultado con Lenin fue fatal —si cabe la expresión—, pues al cabo de pocos días el proceso natural de descomposición le había sacado ventaja al de conservación. En suma, el caudillo empezaba a deshacerse.

    Mientras tanto, una cuadrilla de obreros levantaba en jornada completa un mausoleo en la Plaza Roja para entronizar el padre de la patria con traje de paño y corbata, como cualquier banquero suizo.

    Alarmados por lo que ocurría a los restos del héroe, los gobernantes acudieron a un profesor provinciano para salvar el cuerpo del deterioro que sufría. Él y su equipo acudieron a Moscú y lograron su cometido. Para ello tuvieron que bañar con frecuencia el cadáver en una piscina química escondida en el mausoleo y aplicar retoques, inyecciones y unturas que garantizaran la inmortalidad material de los despojos.

    Así “vive” Lenin en su monumento desde hace más de ochenta años. Desde allí ha visto subir y caer a Stalin, surgir y apagarse el gulag, levantarse y hundirse a Kruchov y otros líderes y, finalmente, derrumbarse el régimen dictatorial que él inició para dar paso a un híbrido de autoritarismo, democracia y plutocracia, que es lo que hoy rige en Rusia.

    Periódicamente, los gobiernos de Moscú se han preguntado qué solución adoptar con el hombrecito de negro y su mausoleo. Más de uno se ha planteado la posibilidad de hacer con él lo único serio que se puede hacer con los muertos, que es sepultarlos o incinerarlos. Pero no se atreven.

    La última vez fue hace pocos días. Un asesor del presidente Vladimir Putin señaló que quizás ha llegado el momento de enterrar al prócer. En apoyo suyo se levantaron algunas voces, como la del director de cine Nikita Mijalkov, quien afirma que los costosos lavados químicos sostienen un “espectáculo pagano” y son un insulto al pueblo ruso. Pero el líder del Partido Comunista —supérstite de otros tiempos— amenaza con una huelga si alguien osa tocar la egregia momia.

    ¿Y qué piensan los rusos? Según encuesta de una emisora, tres de cada cuatro ciudadanos son partidarios de enterrar el cadáver y destruir el mausoleo. La opinión más interesante, sin embargo, no podrá conocerse nunca. Es la del propio Illich Ulianov, condenado a un exhibicionismo post mortem que quizás habría sido el primero en repudiar. Sepultemos al pobre Lenin y que Dios lo acoja de una vez por todas en el cielo de los ateos.

    *Daniel Samper P.
    es periodista.

  • title-449031

    Fernando Cepeda Ulloa
    TEMAS DE ANÁLISIS
    El debate sobre América Latina (07 de enero de 2006)

    Sobre los cambios políticos en el subcontinente, hay tesis para todos los gustos.

    Que se está yendo para la izquierda. Que hay cambios pero que no tienen ese significado. Que izquierda y derecha ya no son categorías válidas para explicar lo que está sucediendo. Que Fidel Castro, a quienes muchos ya descalificaban como una figura política jurásica, se está reencarnando en Chávez, Evo Morales, etc. y recobrando una vigencia inesperada. Y así podría continuar la serie de comentarios que pretenden encontrar una interpretación de la actual realidad política latinoamericana.

    En la columna anterior (24 de diciembre, 2005) llame la atención sobre el informe del Banco Interamericano. Ahora conviene hacer referencia al del Banco Mundial sobre equidad. Y al intento de relanzar el controvertido estudio del PNUD sobre la democracia en América Latina con el número especial que le ha dedicado la revista Foreign Affairs en español. Al lado de estos trabajos costosísimos –eso dicen los entendidos– está el inevitable reflejo en los comentarios y ensayos que se divulgan en periódicos y en revistas especializadas.

    The New York Times dedicó su segundo editorial del 24 de diciembre al debate: "Una Latinoamérica diferente". Allí se hacía alusión al triunfo de Evo Morales en Bolivia como una muestra más de la creciente posición anti-Washington en el hemisferio. Para el editorialista, 300 millones (de un total de 365) están viviendo bajo un régimen de izquierda en América Latina. Con todo, distingue la actitud de gobiernos como Brasil y Chile frente a Estados Unidos al compararlos con Venezuela o lo que se espera de Bolivia. Y ve con preocupación lo que podría ocurrir en las elecciones mexicanos, peruanas y nicaragüenses. Concluye diciendo que es "terrible perder la amistad de los vecinos en la región". Álvaro Vargas Llosa argumenta en forma diferente en una columna titulada "no hay giro hacia la izquierda" (The New York Times, 27 de diciembre, 2005). Para él, Bolivia no seguirá el camino de Venezuela. Y a manera de revelación nos cuenta que Estados Unidos eliminará las medidas comerciales proteccionistas.

    Un texto mucho más elaborado y de lectura obligatoria, del presidente del Diálogo Interamericano, Peter Hakim, cuyo título lo dice casi todo: ‘¿Está Washington perdiendo el apoyo de América Latina?’ (Foreign Affairs, enerofebrero 2006). Es un ensayo equilibrado y sesudo en el que se muestra la complejidad de lo que está ocurriendo. Al final, plantea los riesgos de una crisis económica en Brasil o en Argentina; de una confrontación con Chávez; o de un eventual fracaso de las estrategias que se están aplicando en Colombia. Para Hakim, ni Estados Unidos ni América Latina han exhibido la habilidad o la capacidad para recorrer el camino de la integración que Europa ha venido construyendo.

    Finalmente, la revista Foreign Policy (enero-febrero 2006) le da la portada a Hugo Chávez y argumenta que él le está dando una cara nueva a la dictadura en una época democrática. Y trae una doble columna para mostrar las diferencias de estilo y contenido entre Chávez y Castro. Es decir, hay tesis para todos los gustos. El debate seguirá.

Amigos (0)

La lista de amigos esta vacía.

Etiquetas

No hay etiquetas todavía.

Últimos comentarios

Ningún comentario aún...

RSS Feed

Pie de página:

El contenido de esta web pertenece a una persona privada, blog.com.es no es responsable del contenido de esta web.